viernes 13 de febrero de 2009

LOS BUCÓLICOS

En estos días ha sido muy comentado por el foro el idilio protagonizado por Vermículus Tonante, el iudex máximo del Emperador, y Garzax, conspicuo iudex independiente de la justicia que también es conocido, como ya se contó en su momento, como Illuminatus Rex.

Y es que la afición por los idilios, los poemas pastoriles del siciliano Teócrito, se ha extendido entre algunos iudices y accusatoris, de modo que se han acostumbrado a representarlos acompañados de miembros de la facción del Emperador. Pero dado que muchos de estos iudices, accusatoris y, en general, partidarios del Emperador, son tan aficionados a la poesía bucólica como a la cinegética, han creado un género poético mixto, a medio camino entre las églogas del inmortal Virgilio y el culto a Diana cazadora. Y es por esto que hace unos días Vermículus y Garzax fueron vistos mientras protagonizaban uno de estos idilios, pertrechados con fieros arcos consagrados a la Diosa virgen, y ataviados con cortas túnicas de lana que evocaban el atuendo de los pastores de Arcadia y les proporcionaban un aire de gentil delicadeza, excepto cuando tenían que agacharse para recoger las flechas.

Y es característico de este nuevo género teatral que los actores se limitan a hablar de la naturaleza, y desdeñan, por vulgares, todos los temas propios de la vida cotidiana. Y un ejemplo de esto que digo es este fragmento de lo que representaron Vermículus y Garzax en su última obra pastoril:


GARZAX: Dígote amado Vermículus que una plaga de gaviotas azules se cierne sobre nuestra bienamada Arcadia, y yo he cargado sobre mis pobres espaldas la titánica tarea de detenerlas (toca una flauta mientras V. lo contempla embelesado). Pues bien conocemos el poder de destrucción de estas gaviotas, que ya consiguieron en una ocasión devorar por completo la rosa roja en nuestra tierra, e instaurar en su lugar un reino de tinieblas. ¡Ahí va una! ¡Toma! (suelta una flecha certera, y una gaviota azul cae atravesada).

VERMÍCULUS: ¡Ah, gentil Garzax! Veo que conservas tu vista aguda, y tu habilidad en el manejo de las aves, la misma que demostraste en el asunto del Faisán, (realiza una delicada danza alrededor de Garzax). Ahora que la rosa ha vuelto a florecer en la Arcadia, es menester que dediquemos nuestros esfuerzos conjuntos a que permanezca por siempre inmarcesible.



Dicen, sin embargo, quienes han tenido ocasión de contemplarlos en acción, que esta manera forzada de hablar resulta artificiosa y poco convincente.

martes 20 de enero de 2009

EL SUEÑO DE ROMA

El Ecónomo del Emperador acudió el otro día a la rostra y, con su tono monocorde, que a muchos hace sospechar que su ascendencia se remonta a los Oniros, pintó la situación económica de Roma en los tonos más tétricos que imaginarse cabe, opuestos por completo a los que él mismo había venido pintando hasta hace bien poco. Después, con total naturalidad, declaró su total incapacidad para hacer algo al respecto, como si en lugar de ser el Ecónomo de Roma fuera un siervo que pasara por allí. Y, finalmente, se dio la vuelta y desapareció por el foro, aunque se teme que no definitivamente. Y hay que decir que los romanos han acogido el anuncio de la ruina de Roma con sorprendente serenidad, y no se han lanzado a exigir responsabilidades al Emperador y el Ecónomo, como sin duda habrían hecho con el administrador de sus negocios si, de repente, les hubiera anunciado la ruina de éstos después de haber estado asegurando que eran los más prósperos del orbe. Y sobre esta laxitud de los ciudadanos de Roma existen dos teorías, principalmente.

Unos creen, como ya se ha dicho en alguna ocasión, que la clave está en que el Ecónomo es, a pesar de su aspecto benévolo, un poderoso hechicero capaz de adoptar distintas formas según lo requieran las circunstancias. Según esta interpretación el Ecónomo tiene, a semejanza de Jano, dos caras, tan duras como la piedra en que este dios suele ser representado. Una de estas caras la utiliza cuando el Emperador necesita acceder al poder o mantenerse en él, como por ejemplo cuando precisa comprar las voluntades de los asistentes a los comicios, o cuando necesita los apoyos necesarios de las distintas facciones para apoyar sus maltrechos presupuestos, o cuando debe satisfacer las exigencias de unas provincias cada vez más turbulentas. En estos casos, la cara del Ecónomo es la de una persona pródiga y liberal con el dinero del Tesoro, lo que no debe extrañar puesto que no es suyo, y en esos momentos suele ser conocido como Petrus Solvens. Pero el Ecónomo tiene otra cara, que utiliza cuando tiene que decir a los ciudadanos que las arcas de Roma han quedado vacías por los dispendios anteriormente efectuados, momento en que se convierte en Petrus Somnis, adoptando una actitud circunspecta que se encarga de relajar a sus oyentes y anular su voluntad.

Pero para otros, el mérito del letargo actual de los romanos reside, no en el Ecónomo, sino en el propio el Emperador, que ha conseguido convencer a sus súbditos de que no es necesario vivir en la Roma real, sino que se es perfectamente posible vivir en una Roma Onírica, que es una mera representación de aquélla con un argumento sencillo* que todos los espectadores-participantes pueden seguir sin dificultad. Esta Roma Onírica es impermeable a los hechos reales, y en ella cada uno tiene asignado un papel predeterminado e invariable, y así, mientras que a los adeptos del Emperador les tocan siempre los personajes heroicos, que figuran librar homéricas luchas contra el mal, los seguidores del Procónsul se ven obligados a representar, precisamente, al mal. Y de este modo no resulta extraño que los acólitos del Emperador acepten de buen grado vivir en la Roma Onírica, pues resulta mucho menos inhóspita que la real y a ellos les corresponden siempre los mejores papeles en el relato, pero sí resulta sorprendente que el propio Procónsul haya decidido también trasladarse a ella, e intentar desde allí cambiar el guión y seducir a los actores-espectadores, sin percatarse de que los papeles de cada uno en la Roma Onírica son inalterables.

jueves 30 de octubre de 2008

EL ARCANO ETRUSCO

Esta semana ha sido noticia el dispendio de dos millones de sestercios del erario realizado por el gobernador de los etruscos para arreglar el palacio en que ejerce sus funciones. Y hay que decir que tanto los ciudadanos etruscos como los del resto de Roma se han alarmado por lo excesivo de este gasto realizado a sus expensas, y más aún cuando se han enterado de que medio millón de esos sestercios se han dedicado, exclusivamente, a la compra de mobiliario del despacho del gobernador, es decir, una silla aquí y un triclinium allá. Y como, a fin de cuentas, son los ciudadanos los que proporcionan, no sólo el oro para el fisco, sino también sus votos en los comicios, la portavoz de finanzas del Emperador, pues hay que decir que el tal gobernador de los etruscos es de su misma facción, ha tenido que salir a dar explicaciones. Y así, actuando como un oráculo al que los dioses estuvieran poniendo palabras extrañas en la boca, ha dicho que esos gastos no son más que “el chocolate del loro”.

Y si con esto pretendía tranquilizar a sus oyentes, hay que decir que los ha dejado aún más intranquilos, porque ellos creían que se estaba hablando del gobernador y de sestercios, y, al no saber qué es chocolate y qué es loro, dudan sobre el sentido que debe darse a esta misteriosa revelación. Y hay algunos eruditos que se han apresurado a dar una interpretación mitológica, diciendo que el loro, como el alacanto, es una mítica ave que se alimenta de oro, estando éste alegóricamente representado por el chocolate. Y según esta interpretación, las palabras de la portavoz de finanzas del Emperador serían meramente descriptivas aunque simbólicas, pues estaría limitándose a decir que el actual gobernador de los etruscos es, en realidad, un pájaro legendario que se dedica a engullir oro proveniente del las arcas públicas.

Pero hay otros que sostienen que con lo del chocolate y el loro la portavoz délfica estaba queriendo hacer referencia a que esa cantidad utilizada por el gobernador es, en realidad, insignificante en relación con el total de dinero público que maneja, por lo que no hay razón para hacer tanto ruido. Pero, si se piensa bien, esto no hace más que empeorar el asunto, pues debemos tener en cuenta tres cosas. En primer lugar, que si para realizar una tarea elemental como es el decorado de su despacho, el gobernador emplea una cantidad, digamos, cincuenta veces superior a la que usaría un ciudadano común, resulta que su capacidad como gestor y mandatario de los ciudadanos es muy deficiente, lo que es motivo suficiente para alarmarlos. En segundo lugar, que puesto que, efectivamente, ese gasto que ha salido a la luz representa una fracción mínima del total manejado por el gobernador, los ciudadanos podrían estar tentados de extrapolar este despilfarro detectado, desde la fracción al total, y entonces la preocupación crecería aún más. Y en tercero, que, puesto que ni el gobernador ni la portavoz encuentran preocupante el dispendio realizado, esto quiere decir que su sensibilidad a la hora de manejar el dinero encomendado por los ciudadanos es aún más deficiente que su capacidad como gestores. Esta interpretación, por tanto, podría considerarse profética, pues estaría destinada a revelar, aún de un modo tortuoso, la escasa idoneidad del gobernador, y de la propia portavoz, como mandatarios de los ciudadanos.

Y sin embargo los políticos parecen haber cobrado afición a este argumento del chocolate y el loro. Y hoy mismo Lammunar, cuyas hazañas son tales que también parecen mitológicas, ha declarado que el hecho de que el portavoz del gobierno de las ínsulas, perteneciente a su facción, esté siendo atendido por los tribunales y, previsiblemente, vaya a dar con sus huesos en el ergástulo, también es un asunto de importancia menor.

viernes 17 de octubre de 2008

LOS ILLUMINATII

Y es sabido que existe una secta secreta en Roma cuyos miembros, que aparecen esporádicamente entre nosotros, se ven a sí mismos permanentemente alumbrados por un rayo de luz proveniente de los cielos que los diferencia de los demás mortales, por lo que son conocidos como los illuminatii. Los illuminatii conciben el mundo como un gigantesco escenario dispuesto por los dioses para su personal lucimiento. Pero a diferencia de los ordinarios escenarios de los teatros, en los que el público se sitúa en sus escaños, separado de los actores por la orquesta y el proscenium, en el escenario de los illuminatii no existe una separación entre éstos y el público, sino que éste queda integrado en la función, convertido en coro y condenado a vagar siguiendo las ocurrencias del illuminatus de turno, ya opte este por la comedia o por la tragedia, y sin la posibilidad de levantarse y marcharse a su casa si la representación no es de su agrado. Porque estos espectadores devenidos coro son personajes completamente irrelevantes en la obra representada por el illuminatus, y eso a pesar de que éstos acostumbran a declamar, con sonoras voces, que el motor de sus actuaciones es, precisamente, el interés del coro. Pero, lo cierto es que éste carece de importancia en la trama diseñada por el illuminatus, por lo que sus integrantes se ven obligados a deambular por el escenario siguiendo las circunvoluciones del aquél hasta que finalmente cae el telón, lo que con frecuencia ocurre sobre sus cabezas.

Así pues, la realidad que rodea a los illuminatii es un mero decorado, y eso trae consigo dos consecuencias. La primera, que cuando el público se asoma detrás de ella comprueba, con sorpresa y desilusión, que no hay nada, pues todo el esplendor del illuminatus se reduce a armazones revestidos con vistosas telas. Y la segunda, que, como los illuminatii entienden que toda la realidad es decorado, acostumbran a mostrar un olímpico desdén hacia los desperfectos que sus actuaciones ocasionan en ella. Y así, por ejemplo, hubo hace unos años hubo un famoso illuminatus, que con sus enérgicas actuaciones acostumbraba a devastar aquello por donde pasaba, pero aquellas fueron tan impactantes que aún hoy la gente utiliza su efigie para decorar sus clámides. Y también hay quien afirma que el propio Emperador es también uno de estos illuminatii.

Y hoy ha hecho acto de presencia un nuevo illuminatus en el foro, que interpreta su papel disfrazado de iudex. Y parece que la tragedia que se propone protagonizar convertirá a Roma en un escenario abundante en tumbas abiertas, huesos removidos y rencores resucitados, pero él se deslizará por encima de él elevado sobre unos coturnos y declamando frases solemnes con voz chillona, para terminar alcanzando la gloria en las lejanas tierras del norte, allá donde habitan los variegos. Y de momento, el programa de la obra ya ha provocado que parte del público tenga que pasar por el vomitorium.

martes 30 de septiembre de 2008

EL FISCAL PARTICULAR

El leal Cánido Conde Pompilio, acusador particular del Emperador, subió ayer a la tribuna frente a un grupo de iudicis y les dedicó un solemne discurso en el que lamentó la falta de confianza de los ciudadanos en la justicia, y en el que se enorgulleció de que finalmente hubiera sido declarada proscrita la facción política de los crueles asesinos sabinos que llevan décadas ensangrentando Roma.

Y cualquiera que escuchase esto sin conocer a Pompilio lo encontraría muy puesto en razón, porque, por un lado, los pilares de una sociedad se tambalean cuando los ciudadanos no confían en sus iudicis, y, por otro, estos asesinos sabinos se presentan a los comicios con una mano extendida al frente para recibir fondos de las arcas públicas y la otra detrás de la espalda escondiendo el puñal con el que matan a los que no comparten su visión del mundo. Pero ocurre que, hasta hace pocos meses, el propio Pompilio criticaba airadamente a los que pretendían que la facción política de los asesinos fuera proscrita, y los acusaba de insensibles y de pretender confinar a los seguidores de los asesinos sabinos dentro de un reducto como si fueran vulgares reses. Y Pompilio llamaba a este reducto “guantánamo”, como el temible ergástulo creado por el legendario rey Arbustus.

Y con esto Pompilio defendía que los asesinos sabinos tuvieran voz en las instituciones romanas, de modo que ensalzaba a aquéllos y denigraba éstas. Y, mientras arrastraba por los suelos la dignidad de Roma, Pompilio presentaba pomposamente su propia toga manchada por el barro, como reclamando admiración por ser capaz de realizar cualquier trabajo encomendado por el Emperador, incluso los más sucios. Pero es que Pompilio acostumbra a presentar como virtud lo que es vicio empleando para ello una oratoria pomposa, y de ahí viene su nombre, y no del rey-sacerdote que sucedió a Rómulo, como creen algunos*.

Y ocurre que lo que ayer era para Pompilio una facción inmaculada, a la que no se podía recluir en un reducto ignominioso, ahora se ha convertido, en sus palabras, en un “tumor de etiología violenta”, lo que resulta de difícil comprensión pues si bien los asesinos sabinos pueden ser justamente calificados como una excrecencia maligna de la sociedad, la violencia en ellos no es etiología sino efecto. Y, en fin, todos estos manejos de Pompilio parecen justificar la desconfianza de los ciudadanos hacia la justicia de la que, como decía al comienzo de este comentario, se quejaba el propio fiscal particular.

* Aunque hay algunos que, de forma maliciosa, sostienen que el nombre de Pompilio proviene de haber ofrecido a Roma, con el trasero en pompa, a los asesinos sabinos.

lunes 22 de septiembre de 2008

ROMA LÚDICA

Hoy es noticia en el Foro el edicto de persecución dictado por en Emperador contra los iustus, una extraña secta que cuenta con muy pocos miembros en Roma y que profesa una peculiar doctrina que, a grandes rasgos, se puede resumir en lo siguiente. Que, para los iustus, el mundo es como un laberinto, similar a aquél habitado por el Minotauro que el ateniense Teseo se encargó de despachar, delimitado por frágiles hilos que separan la justicia de la maldad. Y los hombres justos deben caminar por el mundo poniendo gran cuidado para respetar siempre los hilos que los separan del mal, pues una vez que cruzan los límites los hilos quedan rotos y ya no se pueden volver a unir. Y esto explica el edicto del Emperador considerando heréticas las opiniones de esta secta, pues para él la delimitación entre el bien y el mal, que siempre es discutida y discutible, no está marcada por hilos rompibles, sino que consiste en una mera línea que se puede cruzar de uno a otro lado a voluntad o, en palabras del iudex Vermículus, cuando lo aconseja la jugada. Y es que los adeptos del Emperador conciben este asunto como un escenario lúdico, y por ello juegan a entrar y salir de la maldad como los impuberis juegan a “tula en alto”. Y, como es sabido, este juego tiene sus propias reglas según las cuales los adversarios, es decir, los partidarios del Procónsul, sólo pueden atraparlos cuando el Emperador y sus adeptos tienen los pies en el suelo, lo que ocurre raras veces. Es por ello que el Emperador y sus fieles son excelentes jugadores en este juego, aunque suelen acabar con las togas perdidas de tanto arrastrarlas por el barro. Por el contrario, los seguidores del Procónsul, que son más torpes, cuando intentan atraparlos suelen incurrir en la penalización de la crispatio, y son flagelados por Cucúmbero Albo o la Sibila de Cumas.

El caso es que ahora los imprudentes iustus han sido proscritos y tienen que andar ocultándose para no acabar frente a las fieras en el circo. Y, si bien ahora el Emperador y sus acólitos parecen llevar una temporada sin jugar, no se descarta que vuelvan a hacerlo en el futuro. Y se dice que Pachilopiscis es también un experto a la hora de entrar y salir de los campos prohibidos, lo que sus seguidores, con espíritu deportivo, parece que van a premiar en los próximos comicios.

viernes 19 de septiembre de 2008

SOBRE LOS NUEVOS PATRICIOS Y PLEBEYOS

Se cuenta que tras los pasados comicios en los que el Emperador volvió a obtener el respaldo del populus, el Procónsul, presa de un gran desánimo, buscó el consejo de augures, arúspices y fulguratoris los cuales, tras observar el vuelo de las aves, las entrañas de las víctimas evisceradas a tal fin, y los relámpagos con los que Júpiter recuerda al mundo su presencia, le revelaron que el destino de Roma estaba sellado, que los nacionalistas sabinos y samnitas estaban en vías de triunfar por completo, y que, en un tiempo no lejano, Roma se fragmentaría en una constelación de reinos menores. En cualquier caso, le dijeron, mientras esto ocurre o deja de ocurrir, aunque ganaras los comicios te resultaría imposible gobernar sin el apoyo de samnitas y sabinos. Y cuando esto le fue expuesto, el Procónsul se abandonó a la melancolía, ya que el destino de su facción política, defensora de la unidad de Roma, estaba, por eso mismo, ligado al destino de ésta, y los nacionalistas sabinos y samnitas, que según las revelaciones, estaban destinados a triunfar, eran sus adversarios naturales.

Y así estaba el Procónsul, vagando por las galerías de su cuartel general de Génova, en Liguria, como espíritu abandonado en las orillas de la Estigia, cuando le llegó la illuminatio y se dio cuenta de que, ante el naufragio de Roma, había que intentar salvar a su facción, porque una cosa es la ruina de la patria y otra, muy distinta, perder el empleo. Y así pensó que había que comenzar a buscar un sitio en los reinos que emergerían de la caída de Roma, y, puesto que los nacionalistas eran los triunfadores, era el momento de cambiar el gesto adusto por la simpatía hacia ellos. Y así salió de su cuartel general renovado y sonriente, y para explicitar aún más su cambio decidió descabezar a su delegada en los territorios gobernados por los sabinos, pues mostraba un talante belicoso que resultaba impropio para los tiempos simpáticos que se avecinaban. Pero los ciudadanos comunes, aquellos que no vivían de la política y, por tanto, no tenían empleos que perder, no fueron consultados al realizar este cambio de dirección. Y así fue como el Procónsul comenzó a orientar su política pasando por alto los deseos de muchos de los que le habían otorgado su confianza en los últimos comicios.

Y hay que recordar que, con su simpatía hacia los nacionalistas, el Procónsul no hace otra cosa que seguir las huellas dejadas por el Emperador en un camino que le ha proporcionado buenos resultados en los comicios. Porque el nacionalismo es una mercancía política que se vende muy bien, ya que sus ideas, si bien no encuentran fácil acomodo en la razón, infectan fácilmente el espíritu de las gentes sencillas, a las que les gusta escuchar que son diferentes y superiores, y que todos sus problemas provienen de la perversidad de Roma. Y es por eso que resulta que, finalmente, Emperador y Procónsul parecen haberse puesto de acuerdo en aceptar la peculiar visión del orbe que los nacionalistas tienen. Pero sucede que, además de los seguidores del Procónsul, una gran parte de los seguidores del Emperador, me refiero a los que no viven de la política, tampoco simpatizan con los nacionalistas. Y así se ha consumado una situación extraordinaria en Roma, que es la siguiente: que la gran mayoría de los políticos parecen haberse resignado a que la visión de los nacionalistas prevalezca, a pesar de que la gran mayoría de los ciudadanos comunes, que son los que les proporcionan sus votos, no simpatizan con esa visión.

Y por todo esto, muchos ciudadanos ordinarios ven la situación actual de Roma como si estuvieran dentro de uno de los túneles a los que tan aficionado es el Emperador. Y en esto sus adeptos son afortunados, ya que, al estar permanentemente deslumbrados por su fulgor y por la fe en el progressus, no perciben la oscuridad que los rodea, y además la maldad de los seguidores del Procónsul, que Cucúmbero Albo se encarga de gestionar, absorbe toda su ira. Pero hay muchos seguidores del Procónsul que sólo perciben negrura hasta donde su vista alcanza, quizás con la única excepción de un pequeño destello del color de Rosa.