sábado, 13 de noviembre de 2010

ALGO MÁS SOBRE LOS SABINOS

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Y estos días recibo en mi domus a un amigo que habita más allá del limes. Y anoche, mientras despachábamos la frugal colación que conviene, tanto a mis personales hábitos, como a la situación económica general de Roma, este amigo se interesó por lo que ocurre en la provincia donde habitan los sabinos. Y hay que empezar diciendo que esta provincia está habitada, tanto por los sabinos, como por los que no son sabinos.

Los sabinos fueron creados por un demiurgo del cual toman su nombre, que a su vez era, según algunos, un hijo de la diosa Manía, y, según otros, un hijo de la Grandísima, lo que, según creo, hace referencia a una deidad local. Después de que su creador abandonara este mundo, la tribu de los sabinos fue guiada por el heptamilenario druida Abiectus Arzaius, de quien ya hemos hablado en alguna ocasión, en una peregrinación interminable en la que fue acumulando agravios por parte de Roma. Y hay que decir que la doctrina de la tribu de los sabinos se basa en dos conceptos elementales: que la provincia en la que habitan no forma parte de Roma, y que ellos son sus propietarios. Y para desarrollar estos conceptos cuentan con la ayuda eficaz de una banda de asesinos, que a lo largo de muchos años se ha dedicado a persuadir, aterrorizar, o matar, según los casos, a todos aquéllos que se mostraban refractarios a su doctrina.

Y entre los que no son sabinos se encuentran tanto los seguidores del Procónsul como los seguidores del Emperador, aunque la situación de estos últimos es más confusa. Pues el Emperador, en su bondad, y dentro de la estricta observancia del progressus immaculatus y de la aequidistantia, tras los comicios en los que resultó elegido se empeñó en conseguir la Pax Romana Sonriente. Y para ello, en lugar de perseguir a los asesinos sabinos, ponerlos a disposición del Cuestor, y enviarlos al ergástulo, decidió llegar a un acuerdo con ellos. Y hay que decir que esto lo hacía al mismo tiempo que firmaba un Sagrado Acuerdo con el Procónsul comprometiéndose a no tener jamás tratos con los dichos asesinos, ni con el resto de sabinos que se benefician de sus crímenes.

Pero transcurrido el tiempo, viendo que la Pax Sonriente no acababa de llegar, y que los asesinos continuaban matando como acostumbran, el Emperador pareció recapacitar. Y desde las últimas elecciones celebradas en la provincia gobierna en ella uno de sus delegados, Bismarco Pachilopiscis, que desplazó a los tradicionales gobernantes sabinos apoyado por el delegado de la facción del Procónsul, lo que inauguró una época de esperanza para los atribulados habitantes no sabinos de la provincia.

Y, tras exponer sucintamente estos antecedentes, pasé a describir a mi invitado los acontecimientos de mayor actualidad. Ocurre que el jefe de la facción del Emperador en la provincia, cuyo nombre es Eguigurio, ha sido llamado para declarar en los Tribunales en los que está siendo juzgado un miembro de la banda de asesinos sabinos. Y lo que ha llamado la atención en el foro es que Eguigurio va a acudir, pero para declarar en favor de éste. Y a esto se ha añadido el hecho de que el propio Eguigurio ha contado que, en distintas ocasiones, ha compartido manduca con uno de los más conspicuos asesinos sabinos. Y Eguigurio ha añadido que este asesino es una persona campechana y jovial, y para darse cuenta de ello sólo hay que hacer un pequeño esfuerzo para no fijarse en la extensa procesión de espectros que siempre lo acompaña, y que son las personas que ha ido asesinando a lo largo de su vida. Y hay quien opina que Eguigurio, al comportarse de este modo, lo que intenta es evitar engrosar dicha procesión. Y ayer, mientras Eguigurio paseaba por el foro y la gente se arremolinaba en torno a él para preguntarle por sus relaciones con el asesino sabino, Pachilopiscis saltó adelante con la gallardía de un gladiador, algo muy poco acorde con su naturaleza, e increpó a los espectadores diciendo que Eguigurio es en realidad, un hombre bueno. Y hay quienes dicen que Pachilopiscis podía haber realizado ese alarde de energía en un momento anterior, concretamente uno que ha tenido lugar muy recientemente, en el que el Emperador ha negociado, a sus espaldas, un acuerdo con los mismos sabinos a los que Pachilopiscis desalojó del poder tras los comicios.

Y al llegar a este punto tuve que interrumpir mi explicación, pues advertí que mi invitado me miraba con la boca en forma de “o”, se llevaba el dedo índice a la sien realizando un movimiento rotatorio, y, en su propia lengua exclamaba “estos romanos están majaretas”, algo que juzgué enigmático pero significativo.

3 comentarios:

Mucio Scevola dijo...

Ciertamente, que el Emperador sea capaz de pactar con los sabinos, que son la oposición de su representante Pachilopiscis, es algo que causa maravilla dentro y fuera del limes. Lo de Eguigurio creo que es llamado por los galenos Síndrome de Estocolmo.

Jergote dijo...

Muy bien narrado, aunque no estaría de más añadir la veda de caza del phasianus, más llamativa si cabe si tenemos en cuenta de los famosos idilios cinegéticos de los lacayos del emperador, Garzax y Vermículus, para mas inri, iudex y accusator. 

Anónimo dijo...

Que pérdida de tiempo, que sinsustanciosa pedantería ¿es esta la popular inteligentsia llamada a gobernarnos?