jueves, 24 de marzo de 2011

DE LA ALBA COLUMBA AL TÉTRICO MARTE

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Es sabido que las madres adeptas al Emperador acostumbran a contar por las noches a sus hijos cómo éste llegó a Roma cabalgando a lomos de una blanca paloma. Y que, desde tan ventajosa posición, el Emperador se dedicó a fulminar con sus rayos de bondad al malvado Procónsul y sus daemonii, que por aquél entonces se encontraban librando una guerra cruel e injusta contra los persas, a los que exterminaban para apoderarse de su milagroso óleo. El Procónsul, según continúa el maternal relato, estaba entonces a punto de ganar los comicios y esto habría llevado a Roma a un desastre sin precedentes, pues los sanguinarios daemonii habrían instaurado un reino de terror. Pero el Emperador, con su paloma y su fiel Rubor Calvus, destrozaron las urnas, flagelaron al Procónsul y sus seguidores y, no sólo evitaron que éstos ganaran los comicios, sino que a punto estuvieron de expulsarlos definitivamente de Roma. Y envuelto en un ansia infinita de paz Bonus pudo exclamar orgullosamente que prefería ser muerto a matar. Y así, desde Rubor Calvus a Bonus, a calvo ad calvum, triunfó la Pax Romana. Y llegado este punto los infantes que escuchan el relato están excitados y presa de un virtuoso odio contra los daemonii, con lo que no hay manera de que se duerman.

Pero ocurre que este relato es tan bello que no sólo emociona a los infantes, sino también a los acólitos del Emperador que han alcanzado la edad adulta. Y éstos, no queriendo reconocer su afición a los cuentos infantiles, ni las lágrimas de emoción que recorren sus mejillas cuando los escuchan, han adaptado el relato a una versión adulta, que ellos mismos han acabado creyendo. Y en esta versión el Procónsul no es perseguido y flagelado por su intrínseca maldad, sino por incumplir las ceremonias establecidas antes de emprender una guerra. Porque sucede que el Procónsul marchó contra los persas sin propiciar debidamente a los sacerdotes del culto de Onu, una religión mistérica en la que no solo participan los romanos, sino también la mayoría de los pueblos bárbaros. Y estos sacerdotes de Onu, no sólo obtienen su sabiduría por cauces no accesibles a la mayoría de los mortales, sino que, además, hay una serie de ellos que gozan de preeminencia en sus decisiones, favor que les otorgó Marte por vencer en la última guerra contra los germanos. Y hay que decir que, entre estos sacerdotes cuyas decisiones no se pueden discutir, están los galos, que, lejos de vencer a los germanos, se rindieron a ellos en cuanto éstos mostraron sus armas, colaborando, a continuación, activamente con ellos, pero esto no es más que uno de los misterios de este singular culto.

Y sucede que ahora el Emperador parece haberse olvidado de su anhelo de paz. Y, sustituyendo la paloma por las águilas de sus legiones, se ha lanzado a la guerra contra el rey de Cirenaica, que también dispone de óleo, y cuyo aspecto general es el que tendría Medusa tras una noche sin Morfeo. Y ahora los fieles del Emperador se muestran perplejos ante este cambio, que parece contradecir los cuentos de sus infancia, y que parece acercar su comportamiento al del Procónsul en la guerra contra los persas. Pero todos los lugartenientes del Emperador se han lanzado a defender que ambos casos nada tienen que ver, y que lo importante es que, en esta ocasión, Onu ha sido debidamente propiciada antes del ataque. Y a todo esto el Procónsul asiste pensativo y mirando a la bóveda celeste, como si pensara que mejor mudo que flagelado de nuevo.

lunes, 14 de febrero de 2011

EL GOBERNADOR Y EL NÚMIDA

Se habla en estos días de un singular episodio que, según dicen, consistió en lo siguiente. Que se presentó en el Foro el antiguo gobernador de los Oscos acompañado por un visitante de más allá de la Tingitana. Y, tras propiciar a los Dioses, y pronunciar la fórmula, habitual en los miembros de la facción del Emperador, “Proconsulem esse delendam”, que tan buen resultado dio al severo Catón en su campaña contra Cartago, presentó a su acompañante, y dijo “nosotros somos iguales, como Castor y Pólux, pues es más lo que nos une que lo que nos separa”. Y al oír estas palabras quedaron los asistentes perplejos, pues el gobernador es un hombre de tez sonrosada, mientras que el visitante era un númida más negro que un tizón. Y por eso es posible que las palabras del gobernador tuvieran significados más profundos, y por eso creo que es necesario hablar un poco más de él.

Y lo primero que hay que decir es que este gobernador es un hombre tan querido por la gente que, en ocasiones, le han llegado a donar ínsulas. Y se cuenta que en una ocasión, apesadumbrado por la aridez de las tierras que gobernaba, se dirigió a las sacerdotisas de Ceres para pedirles que mediaran ante la Diosa y ésta concediera a esas tierras el don de la fertilidad. Y se dice que, no sólo ofreció realizar ingentes sacrificios, sino que incluso prometió a la diosa entregarle su propia vida, pues este gobernador es tan abnegado que, según dice, prefiere morir antes que matar. Y se cuenta que la Diosa, conmovida por la solicitud del gobernador, le concedió parcialmente su deseo, pues, si bien sus tierras continúan igual de yermas, al menos brotó pelo sobre su cabeza, que hasta entonces había sido no menos árida que éstas. Y es por esta magnanimidad por lo que el gobernador recibe el nombre de Bonus.

Y también hay que decir a favor de Bonus que es una persona tan llana y campechana, que, a pesar de ser más rico que Craso, le gusta presentarse, como si de un nuevo Graco se tratase, como un amante y defensor de la plebe. Y es por esto que le gusta adoptar las costumbres agrícolas, lo que le ha llevado a hablar con la rusticidad de un servus. Y por eso, en tono de burla sus detractores lo llaman el maestro de la aticidad, o, para abreviar, Bono el Ático. Y estos detractores dicen que esta campechanía no es más que una máscara, similar a las que usan los actores del teatro, y que lejos de pertenecer a la plebe es, en realidad, un equite que cuenta con una nutrida cuadra.

Y en cuanto al númida, recibe el nombre griego de Teodoro, o regalo de los dioses. Y dicen los que lo conocen que acostumbra a disfrutar de todos los bienes que lo rodean, bien se los hayan regalado efectivamente los dioses, o se los haya apropiado él por su cuenta. Pues dicen que trata a sus súbditos con gran severidad, y, mientras estos viven entre grandes privaciones, Teodoro vive rodeado de lujos exquisitos. Y, si bien en apariencia ha adoptado el sistema de comicios romanos, lo utiliza exclusivamente como el método más sencillo de detectar a aquéllos que se oponen a sus designios. Pues, en cuanto convoca estos comicios, y algún incauto se presenta a ellos, aparecen inmediatamente los pretorianos de Teodoro que, sin más ceremonia, lo llevan, en el mejor de los casos a la ergástula.

El caso es que allí estaba Bonus presentando como un hermano al oscuro antropófago, y, como he dicho los asistentes intentaban encontrar las semejanzas. Y es posible que, en breve, el propio Bonus lo aclare con su tono habitual. Pero mientras tanto los maledicentes comentaban que quizás las diferencias no fueran tantas.

lunes, 22 de noviembre de 2010

LOS COMICIOS SAMNITAS

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El tercer día anterior a las calendas de diciembre tendrán lugar los comicios samnitas. Y es por eso que creo que es una buena ocasión para hablar de esta tribu singular.

Y lo primero que hay que decir es que los samnitas están muy orgullosos de su sentido común, que ellos llaman seny, gracias al cual, en pocas décadas de gobierno samnita, su capital ha pasado de ser un decadente foco de cultura a un modelo de sencillez rústica del agro. Los samnitas acostumbran a tocarse con un peculiar gorro carmesí con el extremo enrollado como trompa de paquidermo, razón por la que se conoce este gorro como barritante o barritina. También acostumbran a envolverse en su bandera siempre que cualquiera de ellos es criticado, y con esto quieren decir que quien critica a uno de ellos critica a toda la tribu.


Y ocurre con los samnitas algo muy parecido a lo que pasa con los sabinos: que dicen que la provincia que ocupan no forma parte de Roma, y que, por el contrario, es de su exclusiva propiedad. Y ello a pesar de que en esa provincia viven tanto samnitas como no samnitas, aunque hay que decir que estos últimos, dado las grandes ventajas que reporta la pertenencia a la casta samnita, acostumbran a practicar técnicas similares a la del camaleón, que se torna del color del paisaje circundante con el fin de confundirse con él. Y el ejemplo más conspicuo de esto es el actual gobernador de la provincia, un oriundo de la Bética que ha renunciado incluso a su idioma, en el que tenía grandes dificultades para expresarse, para adoptar el samnita, en el que las tiene todas.

Y es este gobernador una persona con la expresión beatífica de aquél que ha salido indemne de todos sus encuentros con el conocimiento. Y es por eso por lo que es llamado Flabergasto. Y, como el resto de los candidatos que se presentan a los comicios, Flabergasto anda intentando convencer a los electores de que él es la mejor opción posible de entre todos ellos. Y por eso sus consiliarii, como los del resto de los candidatos, se devanan los sesos para intentar mostrar todas sus virtudes, o, al menos, procurar que sus defectos no sean demasiado evidentes.
Y todos los consiliarii parecen haberse puesto de acuerdo en que, dado el funesto estado de la res pública en general, y el bajo nivel de los candidatos en particular, es mejor dirigir la atención del populus hacia otras cosas más alegres. Y por eso todos ellos se han lanzado, sin venir a cuento, a hablar del coito y sus dependencias. Y el más osado en esto ha sido el propio Flabergasto, el cual, a pesar de que su apariencia no permitía presagiar grandes alardes en este campo, ha prometido a las puellae que, si introducen el voto que lleva su efigie en la urna, obtendrán en ese momento el clímax con el que la Diosa Venus premia a sus seguidores. Y otra de las candidatas se exhibe en el foro envuelta en una sucinta clámide, haciendo como que se la quita o no se la quita, lo que parece estimular el fervor del populus. Y hay incluso un tercero que ha incluido en su facción a una trabajadora del amor, como si prometiera que recibirá a sus electores, si no con los brazos abiertos, tal vez con otras partes de su anatomía igualmente abiertas.

Y de este modo en los comicios samnitas se ha impuesto, como argumento transversal, la sonrisa vertical, lo que parece indicar que esta provincia jovial ha decidido emprender el camino a la ruina dentro de la comitiva de Baco, y al son de la flauta de Fauno.

sábado, 13 de noviembre de 2010

ALGO MÁS SOBRE LOS SABINOS

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Y estos días recibo en mi domus a un amigo que habita más allá del limes. Y anoche, mientras despachábamos la frugal colación que conviene, tanto a mis personales hábitos, como a la situación económica general de Roma, este amigo se interesó por lo que ocurre en la provincia donde habitan los sabinos. Y hay que empezar diciendo que esta provincia está habitada, tanto por los sabinos, como por los que no son sabinos.

Los sabinos fueron creados por un demiurgo del cual toman su nombre, que a su vez era, según algunos, un hijo de la diosa Manía, y, según otros, un hijo de la Grandísima, lo que, según creo, hace referencia a una deidad local. Después de que su creador abandonara este mundo, la tribu de los sabinos fue guiada por el heptamilenario druida Abiectus Arzaius, de quien ya hemos hablado en alguna ocasión, en una peregrinación interminable en la que fue acumulando agravios por parte de Roma. Y hay que decir que la doctrina de la tribu de los sabinos se basa en dos conceptos elementales: que la provincia en la que habitan no forma parte de Roma, y que ellos son sus propietarios. Y para desarrollar estos conceptos cuentan con la ayuda eficaz de una banda de asesinos, que a lo largo de muchos años se ha dedicado a persuadir, aterrorizar, o matar, según los casos, a todos aquéllos que se mostraban refractarios a su doctrina.

Y entre los que no son sabinos se encuentran tanto los seguidores del Procónsul como los seguidores del Emperador, aunque la situación de estos últimos es más confusa. Pues el Emperador, en su bondad, y dentro de la estricta observancia del progressus immaculatus y de la aequidistantia, tras los comicios en los que resultó elegido se empeñó en conseguir la Pax Romana Sonriente. Y para ello, en lugar de perseguir a los asesinos sabinos, ponerlos a disposición del Cuestor, y enviarlos al ergástulo, decidió llegar a un acuerdo con ellos. Y hay que decir que esto lo hacía al mismo tiempo que firmaba un Sagrado Acuerdo con el Procónsul comprometiéndose a no tener jamás tratos con los dichos asesinos, ni con el resto de sabinos que se benefician de sus crímenes.

Pero transcurrido el tiempo, viendo que la Pax Sonriente no acababa de llegar, y que los asesinos continuaban matando como acostumbran, el Emperador pareció recapacitar. Y desde las últimas elecciones celebradas en la provincia gobierna en ella uno de sus delegados, Bismarco Pachilopiscis, que desplazó a los tradicionales gobernantes sabinos apoyado por el delegado de la facción del Procónsul, lo que inauguró una época de esperanza para los atribulados habitantes no sabinos de la provincia.

Y, tras exponer sucintamente estos antecedentes, pasé a describir a mi invitado los acontecimientos de mayor actualidad. Ocurre que el jefe de la facción del Emperador en la provincia, cuyo nombre es Eguigurio, ha sido llamado para declarar en los Tribunales en los que está siendo juzgado un miembro de la banda de asesinos sabinos. Y lo que ha llamado la atención en el foro es que Eguigurio va a acudir, pero para declarar en favor de éste. Y a esto se ha añadido el hecho de que el propio Eguigurio ha contado que, en distintas ocasiones, ha compartido manduca con uno de los más conspicuos asesinos sabinos. Y Eguigurio ha añadido que este asesino es una persona campechana y jovial, y para darse cuenta de ello sólo hay que hacer un pequeño esfuerzo para no fijarse en la extensa procesión de espectros que siempre lo acompaña, y que son las personas que ha ido asesinando a lo largo de su vida. Y hay quien opina que Eguigurio, al comportarse de este modo, lo que intenta es evitar engrosar dicha procesión. Y ayer, mientras Eguigurio paseaba por el foro y la gente se arremolinaba en torno a él para preguntarle por sus relaciones con el asesino sabino, Pachilopiscis saltó adelante con la gallardía de un gladiador, algo muy poco acorde con su naturaleza, e increpó a los espectadores diciendo que Eguigurio es en realidad, un hombre bueno. Y hay quienes dicen que Pachilopiscis podía haber realizado ese alarde de energía en un momento anterior, concretamente uno que ha tenido lugar muy recientemente, en el que el Emperador ha negociado, a sus espaldas, un acuerdo con los mismos sabinos a los que Pachilopiscis desalojó del poder tras los comicios.

Y al llegar a este punto tuve que interrumpir mi explicación, pues advertí que mi invitado me miraba con la boca en forma de “o”, se llevaba el dedo índice a la sien realizando un movimiento rotatorio, y, en su propia lengua exclamaba “estos romanos están majaretas”, algo que juzgué enigmático pero significativo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

EL EMPERADOR Y LA COMUNICATIO

Recién llegado de un largo viaje que me ha llevado más allá del limes, vuelvo a estar en Roma reencontrándome con mis asuntos cotidianos. Y tengo que decir que, aunque en el trascurso de mis peregrinaciones he visto y oído cosas que desafían la capacidad de comprensión de los hombres, nada supera en maravilla a los sucesos cotidianos de Roma. Y es que el comportamiento habitual de los romanos excede en singularidad a, por ejemplo, las costumbres de los sciapodos que habitan las áridas tierras meridionales, los cuales, dada la ausencia de árboles y las altas temperaturas de los lugares en que viven, se proporcionan sombra con su propio pie.

Y lo primero que me cuentan es que el Emperador ha consultado a un nuevo colegio de arúspices que practican un culto mistérico al que llaman demoskopia, llamándose ellos mismos demoskopos. Y se dice que estos demoskopos, tras contemplar el vuelo de unas aves, diseccionar las entrañas de otras, y escudriñar los cielos tormentosos para averiguar lo que Júpiter nos intenta decir mediante sus fulgores, han llegado a la conclusión de que el Emperador no es amado por sus súbditos. Y hay quien dice que, para llegar a esa conclusión, no hacía falta destripar pájaros ni contemplar el cielo bajo la lluvia con grave riesgo de su salud, puesto que les habría bastado con darse una vuelta por el foro. Y al decir esto se refieren a que en allí la gente se dedica, olvidando el respeto, la veneración, y el temor que el Emperador debería provocarles, a criticarlo abiertamente cuando no a insultarlo. E incluso hay quien por las noches se anima a pintar, armado con un carboncillo, bigotes en las efigies del Emperador, e incluso cejas que acentúan las que naturalmente lo adornan, dejándolas de este modo decoradas para diversión de los que la contemplan al día siguiente.

Y es que las arcas de Roma están exhaustas, y la gestión que el Emperador ha hecho de los asuntos económicos no ha contribuido a realzar su prestigio. Y el Emperador sabe que Roma está en bancarrota, y sabe que sus súbditos no lo aman, pero no acierta a relacionar ambas cosas. Y, considerándose incapaz para resolver lo primero, ha decidido poner freno a lo segundo. Y al ser consultados al respecto los demoskopos le han revelado que lo importante no es hacer algo sino hablar mucho. Y cuentan los que estaban allí que, mientras los demoskopos formulaban esta afirmación, se miraron entre ellos y exclamaron eureka, pues, afirmaron, acababan de descubrir la propaganda. Y, convencido y entusiasmado por la idea, el Emperador ha decidido otorgar plenos poderes al jefe de los pretorianos Rubor Calvus, que es llamado así en consideración a una virtud moral y a una característica física, respectivamente la capacidad para sentir vergüenza ante sus actos y la abundante cabellera, de las que los dioses no han querido dotarle. De modo que Rubor Calvus ha sido investido de los poderes extraordinarios de un dictator tal y como requiere la situación, y ha recibido el encargo de detener la pérdida de afecto de sus súbditos como sea, que es un añadido con el que el Emperador acostumbra finalizar sus frases. Y, bajo las órdenes de Rubor Calvus los pretorianos se han puesto a la acción y han emprendido inmediatamente dos tareas, consistiendo la primera en decretar una nueva persecución contra el Procónsul y sus seguidores. Y esto los ha cogido por sorpresa, porque el Procónsul había adivinado la táctica de los seguidores del Emperador consistente en echarles la culpa de todo. Porque cuando el Emperador era sorprendido negociando con los asesinos que habitan en tierras de los sabinos, el Procónsul era flagelado por practicar la crispatio; y cuando las arcas de Roma se vaciaban, el Procónsul era acusado de no tirar de la cuadriga; y si, con el fin de evitar nuevas persecuciones, el Procónsul se hacía el simpático, era inmediatamente denostado por aspirar únicamente al poder. Y es por esto por lo que el Procónsul permanecía oculto y sin atreverse a alzar la voz, lo que no le ha servido de nada ante esta nueva campaña de Rubor Calvus.

Y hay que decir que la segunda de las acciones que ha emprendido el Emperador y los pretorianos consiste en volver a negociar con los asesinos sabinos, pero de todo esto creo que habrá sobradas ocasiones de hablar en las próximas calendas.

domingo, 31 de octubre de 2010

DRAMATIS PERSONAE

Personas no versadas en la política romana me han pedido que haga un pequeño resumen de sus protagonistas. Aquí está:

- El Emperador. Gobernante de Roma dotado de cejas inclinadas a dos aguas como tejado de compluvio. Practica la religión, mayoritaria en Roma, del progressus immaculatus, de la cuál se ha proclamado Dios mediante un edicto. Entre sus obras más relevantes se encuentra la Alianza de la Civilización y los Bárbaros.

- El Procónsul. Aspira a suceder al Emperador, pero su simpatía resulta un tanto forzada. Cuenta con la desventaja adicional de no tener una religión propia ni ser dios, y es objeto de frecuentes persecuciones por parte del Emperador.

- Los sabinos. Feroz tribu del norte de Roma que aspira a la secesión, para lo que cuenta con el apoyo de una banda de asesinos en permanente disolución. Los sabinos fueron dirigidos durante mucho tiempo por el druida heptamilenario Abiectus Arzaius, creador de la doctrina de la aequidistantia, y de un tratado agrícola sobre el mejor modo de recoger las nueces.

- Los samnitas. Otra tribu independentista a orillas de Mare Nostrum. Intenta imponer en sus territorios el habla samnita, y obligan a los comerciantes a anunciar sus establecimientos en esa lengua, lo que origina no pocas confusiones. Actualmente dirigidas por un nativo de la Bética, del que algunos dicen que los dioses hablan por su boca, porque no se le entiende ni en samnita ni en latín.

- Las ínsulas del Mare Nostrum. Singulares territorios que aspiran a independizarse de Roma para ser conquistados por los samnitas. De momento, han adoptado el samnita como lengua oficial, persiguiendo a los que únicamente hablan el latín común con igual virulencia que los propios samnitas.

- Los etruscos. Otra tribu del norte de Roma, pero más hacia occidente.

- Cucúmbero Albo. Látigo del Emperador contra el Procónsul y sus seguidores.

- La sibila de Cumas. Descrita por un famoso poeta como “seca, enteca, y escasa de manteca”. Junto con Cucumbero Albo, uno de los instrumentos favoritos del Emperador para flagelar al Procónsul. Actualmente su estrella ha declinado notablemente.

- Petrus Solvens. Ecónomo del Emperador,
artífice de la situación financiera de Roma, actualmente reemplazado. Hay quien dice que es un poderoso hechicero.

- Mauritino. Mensajero del Emperador más allá del limes. Llamado en el lenguaje de los númidas nalindi botondo, y también calvo oblongo de Alba Longa.

- La Vestal de la Igualdad. Mujer dotada de un hermoso rostro no exento de dureza. Sus conocimientos son basicamente intuitivos. Actualmente se encuentra en franco declive.

- Conde Pompilio. Fiscal particular del Emperador.

- Aurícula Maioris. General de la vieja guardia del Procónsul, actualmente en declive. Llamado burlonamente ‘Casandra’, porque siempre acierta con sus malos augurios aunque nunca es creído, y también ‘Tristón’.

- El rey de los Francos. Sarkozyx.

viernes, 13 de febrero de 2009

LOS BUCÓLICOS

En estos días ha sido muy comentado por el foro el idilio protagonizado por Vermículus Tonante, el iudex máximo del Emperador, y Garzax, conspicuo iudex independiente de la justicia que también es conocido, como ya se contó en su momento, como Illuminatus Rex.

Y es que la afición por los idilios, los poemas pastoriles del siciliano Teócrito, se ha extendido entre algunos iudices y accusatoris, de modo que se han acostumbrado a representarlos acompañados de miembros de la facción del Emperador. Pero dado que muchos de estos iudices, accusatoris y, en general, partidarios del Emperador, son tan aficionados a la poesía bucólica como a la cinegética, han creado un género poético mixto, a medio camino entre las églogas del inmortal Virgilio y el culto a Diana cazadora. Y es por esto que hace unos días Vermículus y Garzax fueron vistos mientras protagonizaban uno de estos idilios, pertrechados con fieros arcos consagrados a la Diosa virgen, y ataviados con cortas túnicas de lana que evocaban el atuendo de los pastores de Arcadia y les proporcionaban un aire de gentil delicadeza, excepto cuando tenían que agacharse para recoger las flechas.

Y es característico de este nuevo género teatral que los actores se limitan a hablar de la naturaleza, y desdeñan, por vulgares, todos los temas propios de la vida cotidiana. Y un ejemplo de esto que digo es este fragmento de lo que representaron Vermículus y Garzax en su última obra pastoril:


GARZAX: Dígote amado Vermículus que una plaga de gaviotas azules se cierne sobre nuestra bienamada Arcadia, y yo he cargado sobre mis pobres espaldas la titánica tarea de detenerlas (toca una flauta mientras V. lo contempla embelesado). Pues bien conocemos el poder de destrucción de estas gaviotas, que ya consiguieron en una ocasión devorar por completo la rosa roja en nuestra tierra, e instaurar en su lugar un reino de tinieblas. ¡Ahí va una! ¡Toma! (suelta una flecha certera, y una gaviota azul cae atravesada).

VERMÍCULUS: ¡Ah, gentil Garzax! Veo que conservas tu vista aguda, y tu habilidad en el manejo de las aves, la misma que demostraste en el asunto del Faisán, (realiza una delicada danza alrededor de Garzax). Ahora que la rosa ha vuelto a florecer en la Arcadia, es menester que dediquemos nuestros esfuerzos conjuntos a que permanezca por siempre inmarcesible.



Dicen, sin embargo, quienes han tenido ocasión de contemplarlos en acción, que esta manera forzada de hablar resulta artificiosa y poco convincente.

martes, 20 de enero de 2009

EL SUEÑO DE ROMA

El Ecónomo del Emperador acudió el otro día a la rostra y, con su tono monocorde, que a muchos hace sospechar que su ascendencia se remonta a los Oniros, pintó la situación económica de Roma en los tonos más tétricos que imaginarse cabe, opuestos por completo a los que él mismo había venido pintando hasta hace bien poco. Después, con total naturalidad, declaró su total incapacidad para hacer algo al respecto, como si en lugar de ser el Ecónomo de Roma fuera un siervo que pasara por allí. Y, finalmente, se dio la vuelta y desapareció por el foro, aunque se teme que no definitivamente. Y hay que decir que los romanos han acogido el anuncio de la ruina de Roma con sorprendente serenidad, y no se han lanzado a exigir responsabilidades al Emperador y el Ecónomo, como sin duda habrían hecho con el administrador de sus negocios si, de repente, les hubiera anunciado la ruina de éstos después de haber estado asegurando que eran los más prósperos del orbe. Y sobre esta laxitud de los ciudadanos de Roma existen dos teorías, principalmente.

Unos creen, como ya se ha dicho en alguna ocasión, que la clave está en que el Ecónomo es, a pesar de su aspecto benévolo, un poderoso hechicero capaz de adoptar distintas formas según lo requieran las circunstancias. Según esta interpretación el Ecónomo tiene, a semejanza de Jano, dos caras, tan duras como la piedra en que este dios suele ser representado. Una de estas caras la utiliza cuando el Emperador necesita acceder al poder o mantenerse en él, como por ejemplo cuando precisa comprar las voluntades de los asistentes a los comicios, o cuando necesita los apoyos necesarios de las distintas facciones para apoyar sus maltrechos presupuestos, o cuando debe satisfacer las exigencias de unas provincias cada vez más turbulentas. En estos casos, la cara del Ecónomo es la de una persona pródiga y liberal con el dinero del Tesoro, lo que no debe extrañar puesto que no es suyo, y en esos momentos suele ser conocido como Petrus Solvens. Pero el Ecónomo tiene otra cara, que utiliza cuando tiene que decir a los ciudadanos que las arcas de Roma han quedado vacías por los dispendios anteriormente efectuados, momento en que se convierte en Petrus Somnis, adoptando una actitud circunspecta que se encarga de relajar a sus oyentes y anular su voluntad.

Pero para otros, el mérito del letargo actual de los romanos reside, no en el Ecónomo, sino en el propio el Emperador, que ha conseguido convencer a sus súbditos de que no es necesario vivir en la Roma real, sino que se es perfectamente posible vivir en una Roma Onírica, que es una mera representación de aquélla con un argumento sencillo* que todos los espectadores-participantes pueden seguir sin dificultad. Esta Roma Onírica es impermeable a los hechos reales, y en ella cada uno tiene asignado un papel predeterminado e invariable, y así, mientras que a los adeptos del Emperador les tocan siempre los personajes heroicos, que figuran librar homéricas luchas contra el mal, los seguidores del Procónsul se ven obligados a representar, precisamente, al mal. Y de este modo no resulta extraño que los acólitos del Emperador acepten de buen grado vivir en la Roma Onírica, pues resulta mucho menos inhóspita que la real y a ellos les corresponden siempre los mejores papeles en el relato, pero sí resulta sorprendente que el propio Procónsul haya decidido también trasladarse a ella, e intentar desde allí cambiar el guión y seducir a los actores-espectadores, sin percatarse de que los papeles de cada uno en la Roma Onírica son inalterables.

jueves, 30 de octubre de 2008

EL ARCANO ETRUSCO

Esta semana ha sido noticia el dispendio de dos millones de sestercios del erario realizado por el gobernador de los etruscos para arreglar el palacio en que ejerce sus funciones. Y hay que decir que tanto los ciudadanos etruscos como los del resto de Roma se han alarmado por lo excesivo de este gasto realizado a sus expensas, y más aún cuando se han enterado de que medio millón de esos sestercios se han dedicado, exclusivamente, a la compra de mobiliario del despacho del gobernador, es decir, una silla aquí y un triclinium allá. Y como, a fin de cuentas, son los ciudadanos los que proporcionan, no sólo el oro para el fisco, sino también sus votos en los comicios, la portavoz de finanzas del Emperador, pues hay que decir que el tal gobernador de los etruscos es de su misma facción, ha tenido que salir a dar explicaciones. Y así, actuando como un oráculo al que los dioses estuvieran poniendo palabras extrañas en la boca, ha dicho que esos gastos no son más que “el chocolate del loro”.

Y si con esto pretendía tranquilizar a sus oyentes, hay que decir que los ha dejado aún más intranquilos, porque ellos creían que se estaba hablando del gobernador y de sestercios, y, al no saber qué es chocolate y qué es loro, dudan sobre el sentido que debe darse a esta misteriosa revelación. Y hay algunos eruditos que se han apresurado a dar una interpretación mitológica, diciendo que el loro, como el alacanto, es una mítica ave que se alimenta de oro, estando éste alegóricamente representado por el chocolate. Y según esta interpretación, las palabras de la portavoz de finanzas del Emperador serían meramente descriptivas aunque simbólicas, pues estaría limitándose a decir que el actual gobernador de los etruscos es, en realidad, un pájaro legendario que se dedica a engullir oro proveniente del las arcas públicas.

Pero hay otros que sostienen que con lo del chocolate y el loro la portavoz délfica estaba queriendo hacer referencia a que esa cantidad utilizada por el gobernador es, en realidad, insignificante en relación con el total de dinero público que maneja, por lo que no hay razón para hacer tanto ruido. Pero, si se piensa bien, esto no hace más que empeorar el asunto, pues debemos tener en cuenta tres cosas. En primer lugar, que si para realizar una tarea elemental como es el decorado de su despacho, el gobernador emplea una cantidad, digamos, cincuenta veces superior a la que usaría un ciudadano común, resulta que su capacidad como gestor y mandatario de los ciudadanos es muy deficiente, lo que es motivo suficiente para alarmarlos. En segundo lugar, que puesto que, efectivamente, ese gasto que ha salido a la luz representa una fracción mínima del total manejado por el gobernador, los ciudadanos podrían estar tentados de extrapolar este despilfarro detectado, desde la fracción al total, y entonces la preocupación crecería aún más. Y en tercero, que, puesto que ni el gobernador ni la portavoz encuentran preocupante el dispendio realizado, esto quiere decir que su sensibilidad a la hora de manejar el dinero encomendado por los ciudadanos es aún más deficiente que su capacidad como gestores. Esta interpretación, por tanto, podría considerarse profética, pues estaría destinada a revelar, aún de un modo tortuoso, la escasa idoneidad del gobernador, y de la propia portavoz, como mandatarios de los ciudadanos.

Y sin embargo los políticos parecen haber cobrado afición a este argumento del chocolate y el loro. Y hoy mismo Lammunar, cuyas hazañas son tales que también parecen mitológicas, ha declarado que el hecho de que el portavoz del gobierno de las ínsulas, perteneciente a su facción, esté siendo atendido por los tribunales y, previsiblemente, vaya a dar con sus huesos en el ergástulo, también es un asunto de importancia menor.

viernes, 17 de octubre de 2008

LOS ILLUMINATII

Y es sabido que existe una secta secreta en Roma cuyos miembros, que aparecen esporádicamente entre nosotros, se ven a sí mismos permanentemente alumbrados por un rayo de luz proveniente de los cielos que los diferencia de los demás mortales, por lo que son conocidos como los illuminatii. Los illuminatii conciben el mundo como un gigantesco escenario dispuesto por los dioses para su personal lucimiento. Pero a diferencia de los ordinarios escenarios de los teatros, en los que el público se sitúa en sus escaños, separado de los actores por la orquesta y el proscenium, en el escenario de los illuminatii no existe una separación entre éstos y el público, sino que éste queda integrado en la función. Y de este modo el espectador queda integrado en el coro y condenado a vagar siguiendo las ocurrencias del illuminatus de turno, ya opte éste por la comedia o por la tragedia, y sin la posibilidad de levantarse y marcharse a su casa si la representación no es de su agrado. Porque estos espectadores devenidos coro son personajes completamente irrelevantes en la obra representada por el illuminatus, y eso a pesar de que éstos acostumbran a declamar, con sonoras voces, que el motor de sus actuaciones es, precisamente, el interés del coro. Pero, lo cierto es que éste carece de importancia en la trama diseñada por el illuminatus, por lo que sus integrantes se ven obligados a deambular por el escenario siguiendo las circunvoluciones del aquél hasta que finalmente cae el telón, lo que con frecuencia ocurre sobre sus cabezas.

Así pues, la realidad que rodea a los illuminatii es un mero decorado, y eso trae consigo dos consecuencias. La primera, que cuando el público se asoma detrás de ella comprueba, con sorpresa y desilusión, que no hay nada, pues todo el esplendor del illuminatus se reduce a armazones revestidos con vistosas telas. Y la segunda, que, como los illuminatii entienden que toda la realidad es decorado, acostumbran a mostrar un olímpico desdén hacia los desperfectos que sus actuaciones ocasionan en ella. Y así, por ejemplo, hubo hace unos años hubo un famoso illuminatus, que con sus enérgicas actuaciones acostumbraba a devastar aquello por donde pasaba, pero aquellas fueron tan impactantes que aún hoy la gente utiliza su efigie para decorar sus clámides. Y también hay quien afirma que el propio Emperador es también uno de estos illuminatii.

Y hoy ha hecho acto de presencia un nuevo illuminatus en el foro, que interpreta su papel disfrazado de iudex. Y parece que la tragedia que se propone protagonizar convertirá a Roma en un escenario abundante en tumbas abiertas, huesos removidos y rencores resucitados, pero él se deslizará por encima de él elevado sobre unos coturnos y declamando frases solemnes con voz chillona, para terminar alcanzando la gloria en las lejanas tierras del norte, allá donde habitan los variegos. Y de momento, el programa de la obra ya ha provocado que parte del público tenga que pasar por el vomitorium.

martes, 30 de septiembre de 2008

EL FISCAL PARTICULAR

El leal Cánido Conde Pompilio, acusador particular del Emperador, subió ayer a la tribuna frente a un grupo de iudicis y les dedicó un solemne discurso en el que lamentó la falta de confianza de los ciudadanos en la justicia, y en el que se enorgulleció de que finalmente hubiera sido declarada proscrita la facción política de los crueles asesinos sabinos que llevan décadas ensangrentando Roma.

Y cualquiera que escuchase esto sin conocer a Pompilio lo encontraría muy puesto en razón, porque, por un lado, los pilares de una sociedad se tambalean cuando los ciudadanos no confían en sus iudicis, y, por otro, estos asesinos sabinos se presentan a los comicios con una mano extendida al frente para recibir fondos de las arcas públicas y la otra detrás de la espalda escondiendo el puñal con el que matan a los que no comparten su visión del mundo. Pero ocurre que, hasta hace pocos meses, el propio Pompilio criticaba airadamente a los que pretendían que la facción política de los asesinos fuera proscrita, y los acusaba de insensibles y de pretender confinar a los seguidores de los asesinos sabinos dentro de un reducto como si fueran vulgares reses. Y Pompilio llamaba a este reducto “guantánamo”, como el temible ergástulo creado por el legendario rey Arbustus.

Y con esto Pompilio defendía que los asesinos sabinos tuvieran voz en las instituciones romanas, de modo que ensalzaba a aquéllos y denigraba éstas. Y, mientras arrastraba por los suelos la dignidad de Roma, Pompilio presentaba pomposamente su propia toga manchada por el barro, como reclamando admiración por ser capaz de realizar cualquier trabajo encomendado por el Emperador, incluso los más sucios. Pero es que Pompilio acostumbra a presentar como virtud lo que es vicio empleando para ello una oratoria pomposa, y de ahí viene su nombre, y no del rey-sacerdote que sucedió a Rómulo, como creen algunos*.

Y ocurre que lo que ayer era para Pompilio una facción inmaculada, a la que no se podía recluir en un reducto ignominioso, ahora se ha convertido, en sus palabras, en un “tumor de etiología violenta”, lo que resulta de difícil comprensión pues si bien los asesinos sabinos pueden ser justamente calificados como una excrecencia maligna de la sociedad, la violencia en ellos no es etiología sino efecto. Y, en fin, todos estos manejos de Pompilio parecen justificar la desconfianza de los ciudadanos hacia la justicia de la que, como decía al comienzo de este comentario, se quejaba el propio fiscal particular.

* Aunque hay algunos que, de forma maliciosa, sostienen que el nombre de Pompilio proviene de haber ofrecido a Roma, con el trasero en pompa, a los asesinos sabinos.

lunes, 22 de septiembre de 2008

ROMA LÚDICA

Hoy es noticia en el Foro el edicto de persecución dictado por en Emperador contra los iustus, una extraña secta que cuenta con muy pocos miembros en Roma y que profesa una peculiar doctrina que, a grandes rasgos, se puede resumir en lo siguiente. Que, para los iustus, el mundo es como un laberinto, similar a aquél habitado por el Minotauro que el ateniense Teseo se encargó de despachar, delimitado por frágiles hilos que separan la justicia de la maldad. Y los hombres justos deben caminar por el mundo poniendo gran cuidado para respetar siempre los hilos que los separan del mal, pues una vez que cruzan los límites los hilos quedan rotos y ya no se pueden volver a unir. Y esto explica el edicto del Emperador considerando heréticas las opiniones de esta secta, pues para él la delimitación entre el bien y el mal, que siempre es discutida y discutible, no está marcada por hilos rompibles, sino que consiste en una mera línea que se puede cruzar de uno a otro lado a voluntad o, en palabras del iudex Vermículus, cuando lo aconseja la jugada. Y es que los adeptos del Emperador conciben este asunto como un escenario lúdico, y por ello juegan a entrar y salir de la maldad como los impuberis juegan a “tula en alto”. Y, como es sabido, este juego tiene sus propias reglas según las cuales los adversarios, es decir, los partidarios del Procónsul, sólo pueden atraparlos cuando el Emperador y sus adeptos tienen los pies en el suelo, lo que ocurre raras veces. Es por ello que el Emperador y sus fieles son excelentes jugadores en este juego, aunque suelen acabar con las togas perdidas de tanto arrastrarlas por el barro. Por el contrario, los seguidores del Procónsul, que son más torpes, cuando intentan atraparlos suelen incurrir en la penalización de la crispatio, y son flagelados por Cucúmbero Albo o la Sibila de Cumas.

El caso es que ahora los imprudentes iustus han sido proscritos y tienen que andar ocultándose para no acabar frente a las fieras en el circo. Y, si bien ahora el Emperador y sus acólitos parecen llevar una temporada sin jugar, no se descarta que vuelvan a hacerlo en el futuro. Y se dice que Pachilopiscis es también un experto a la hora de entrar y salir de los campos prohibidos, lo que sus seguidores, con espíritu deportivo, parece que van a premiar en los próximos comicios.

viernes, 19 de septiembre de 2008

SOBRE LOS NUEVOS PATRICIOS Y PLEBEYOS

Se cuenta que tras los pasados comicios en los que el Emperador volvió a obtener el respaldo del populus, el Procónsul, presa de un gran desánimo, buscó el consejo de augures, arúspices y fulguratoris los cuales, tras observar el vuelo de las aves, las entrañas de las víctimas evisceradas a tal fin, y los relámpagos con los que Júpiter recuerda al mundo su presencia, le revelaron que el destino de Roma estaba sellado, que los nacionalistas sabinos y samnitas estaban en vías de triunfar por completo, y que, en un tiempo no lejano, Roma se fragmentaría en una constelación de reinos menores. En cualquier caso, le dijeron, mientras esto ocurre o deja de ocurrir, aunque ganaras los comicios te resultaría imposible gobernar sin el apoyo de samnitas y sabinos. Y cuando esto le fue expuesto, el Procónsul se abandonó a la melancolía, ya que el destino de su facción política, defensora de la unidad de Roma, estaba, por eso mismo, ligado al destino de ésta, y los nacionalistas sabinos y samnitas, que según las revelaciones, estaban destinados a triunfar, eran sus adversarios naturales.

Y así estaba el Procónsul, vagando por las galerías de su cuartel general de Génova, en Liguria, como espíritu abandonado en las orillas de la Estigia, cuando le llegó la illuminatio y se dio cuenta de que, ante el naufragio de Roma, había que intentar salvar a su facción, porque una cosa es la ruina de la patria y otra, muy distinta, perder el empleo. Y así pensó que había que comenzar a buscar un sitio en los reinos que emergerían de la caída de Roma, y, puesto que los nacionalistas eran los triunfadores, era el momento de cambiar el gesto adusto por la simpatía hacia ellos. Y así salió de su cuartel general renovado y sonriente, y para explicitar aún más su cambio decidió descabezar a su delegada en los territorios gobernados por los sabinos, pues mostraba un talante belicoso que resultaba impropio para los tiempos simpáticos que se avecinaban. Pero los ciudadanos comunes, aquellos que no vivían de la política y, por tanto, no tenían empleos que perder, no fueron consultados al realizar este cambio de dirección. Y así fue como el Procónsul comenzó a orientar su política pasando por alto los deseos de muchos de los que le habían otorgado su confianza en los últimos comicios.

Y hay que recordar que, con su simpatía hacia los nacionalistas, el Procónsul no hace otra cosa que seguir las huellas dejadas por el Emperador en un camino que le ha proporcionado buenos resultados en los comicios. Porque el nacionalismo es una mercancía política que se vende muy bien, ya que sus ideas, si bien no encuentran fácil acomodo en la razón, infectan fácilmente el espíritu de las gentes sencillas, a las que les gusta escuchar que son diferentes y superiores, y que todos sus problemas provienen de la perversidad de Roma. Y es por eso que resulta que, finalmente, Emperador y Procónsul parecen haberse puesto de acuerdo en aceptar la peculiar visión del orbe que los nacionalistas tienen. Pero sucede que, además de los seguidores del Procónsul, una gran parte de los seguidores del Emperador, me refiero a los que no viven de la política, tampoco simpatizan con los nacionalistas. Y así se ha consumado una situación extraordinaria en Roma, que es la siguiente: que la gran mayoría de los políticos parecen haberse resignado a que la visión de los nacionalistas prevalezca, a pesar de que la gran mayoría de los ciudadanos comunes, que son los que les proporcionan sus votos, no simpatizan con esa visión.

Y por todo esto, muchos ciudadanos ordinarios ven la situación actual de Roma como si estuvieran dentro de uno de los túneles a los que tan aficionado es el Emperador. Y en esto sus adeptos son afortunados, ya que, al estar permanentemente deslumbrados por su fulgor y por la fe en el progressus, no perciben la oscuridad que los rodea, y además la maldad de los seguidores del Procónsul, que Cucúmbero Albo se encarga de gestionar, absorbe toda su ira. Pero hay muchos seguidores del Procónsul que sólo perciben negrura hasta donde su vista alcanza, quizás con la única excepción de un pequeño destello del color de Rosa.

viernes, 12 de septiembre de 2008

SUMARIO HEBDOMADARIO

Esta semana también se ha hablado con profusión de los siguientes asuntos:
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Un iudex de Toletum ha sido reconvenido por mostrar reiteradamente una conducta que se ha considerado incompatible con la dignidad de su cargo. Este iudex, llevado por su austeridad, renunciaba a realizar las abluciones diarias en su domus, por lo que impregnaba el tribunal de un olor peculiar que sus escribas, menos austeros que él, se resistían a admitir con ecuanimidad. Además, por economía procesal, simultaneaba la evacuación de sus asuntos jurídicos con la de su propio organismo, y acostumbraba a dictar sus resoluciones mientras obraba en el mingitorium, lo que dificultaba a sus escribas la correcta audición del veredicto y posibilitaba fallos en las transcripciones.

Quizás inspirado por las prácticas de Esculapio, y pensando que una buena sangría contribuye a sanar un organismo enfermo, el ecónomo del Emperador, ha manifestado que la quiebra que, cómo negra nube de tormenta, se cierne sobre Roma puede contribuir a sanar su economía. Y esta manera de pensar parece ser acorde con la del Emperador, que tiene por costumbre no embarcarse con capitanes permanentemente agobiados por las galernas y otras inclemencias sobre las que, a fin de cuentas, no se puede actuar, prefiriendo a aquellos que muestran una sana despreocupación.

Abiectus Arzaius, el patriarca heptamilenario de los sabinos, ha manifestado que la etapa más feliz de su vida fue aquella en la que pactó abiertamente con la infausta banda de asesinos sabinos que, desde hace décadas, cubre de dolor a Roma. Y puesto que la actitud de Arzaius ha sido de permanente alineamiento con esos asesinos, y lo único a lo que renunció al realizar el dicho pacto que tan buenos recuerdos le proporciona ahora es a la ocultación, cabe concluir que lo que al espíritu de Arzaius desagrada no es el asesinato sino el disimulo.

jueves, 11 de septiembre de 2008

UN ANUNCIO EN EL FORO

Apóstolos Genitalis ha colgado en el foro este anuncio:

Ave Señores.La Plataforma para la Libertad Elección Lingüística hace saber que el sábado 20 de Septiembre a las 17.30 h. habrá una concentración frente a Ajuria Enea "para exigir la libertad de los padres en la educación de nuestros hijos".Yo estoy en el monte y sin Internet, pero les agradeceré que este pregón corra a los cuatro vientos. Nos va mucho en esta lucha.Muchas gracias y un saludo a todos.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

SOBRE SEPARATISMOS, JUSTICIA Y OTRAS ASIMETRÍAS

Estos días ha sido muy comentado el libellus que recientemente ha circulado por el foro en el que se denunciaba el pacto secreto que los gobernadores de las ínsulas baleáricas, partidarios del Emperador, han realizado con la principal facción separatista de dichas ínsulas, con la que actualmente gobiernan, para evitar que la dómina de dicha facción sea llevada ante los jueces. Y ocurre que en las ínsulas, de modo similar a lo que ocurre en otros territorios de Roma, existen importantes facciones que pretenden separarse de la urbe alegando la opresión que dichos territorios vienen sufriendo desde tiempo inmemorial por parte de aquella y las profundas, aunque mitológicas, diferencias que los separan, y para ello utilizan la lengua como herramienta para convertir esas diferencias mitológicas en reales, por lo que en esto, como digo, la situación de las ínsulas no es en nada peculiar. Sin embargo, lo que diferencia y hace únicas a estas facciones separatistas insulares es que sólo son tales, separatistas quiero decir, en lo que se refiere a Roma en su conjunto, pero, al mismo tiempo que se quieren separar de ella, se muestran ansiosas de dejarse conquistar por los samnitas, para regocijo de éstos, que dedican cuantiosos esfuerzos y recursos a ese mismo fin.

Y la dómina de los separatistas insulares cuyo procesamiento se intenta evitar con el mencionado pacto es una hierática mujer, que acostumbra a esconder su rostro tras una gruesa capa de afeites, y que es conocida como Lammunar, denominación que quizás provenga de lamia. Y si bien Lammunar es muy conocida por todos los que viven en las ínsulas, fuera de ellas adquirió también merecida fama por lo innovador de sus procedimientos de enajenación de bienes públicos. Pues ocurre que Lammunar tenía a su cargo unos terrenos que no proporcionaban ninguna utilidad al erario, por lo que decidió subastarlos y aportar, de este modo, recursos al mismo. Pero en lugar de fijar un precio mínimo para dicha subasta, de modo que los interesados tuvieran que competir entre sí alzando sus pujas a partir de dicho precio, Lammunar decidió establecer un precio máximo que ningún oferente debía superar. Y de este modo procedió a fijar el precio máximo de la subasta en XXX millones de sestercios, y cuando uno de los competidores, ignorando presuntuosamente las reglas de la subasta, ofreció el doble de esa cantidad, es decir, LX millones, su oferta fue desestimada, siendo finalmente los tales terrenos adjudicados al competidor que se había ajustado estrictamente al precio máximo. De este modo, el procedimiento fue resuelto a satisfacción de todos, del adquirente final que se ahorró XXX millones de sestercios, de las instituciones de las ínsulas que, si bien recaudaron XXX millones de menos, pudieron comprobar la seriedad e inflexibilidad de sus procedimientos jurídicos, y de Lammunar, que vio como tan complicado proceso se llevaba a cabo a su entera conveniencia.

Aunque llama la atención que estos gobernantes que tienen tanto interés en evitar que Lammunar vea menoscabada su dignidad al tener que presentarse ante los jueces para justificar sus avanzados procedimientos contractuales, muestran un celo extraordinario en que ciertos partidarios del procónsul, que hasta hace poco gobernaban las ínsulas, sean perseguidos por estos mismos jueces por prácticas similares a las empleadas por Lammunar, pero parece ser que también en estos asuntos de la justicia se pueden emplear distintas varas de medir.

lunes, 8 de septiembre de 2008

UNA TEORÍA SOBRE EL DERECHO DE ACTUACIÓN Y REPRESENTACIÓN

Se dice que cuando el gran Julio César desembarcó en Britania sus generales le contaron que en la ciudad de Londinum existía un espacio reservado para aquellos que querían dirigirse con la palabra a sus paisanos. Este espacio, que en la lengua bárbara de los britanos recibía el nombre de espíquerscorner, servía así para que cualquier persona pudiera convertirse en improvisado orador, y pudiera dirigir discursos, soflamas y arengas, según sus particulares inclinaciones, a todos aquellos que fueran atraídos por la fuerza de su oratoria. Y del mismo modo que el talento de estos oradores era desigual, también lo eran las respuestas que recibían de aquellos a los que sus palabras se dirigían, e incluían desde las ovaciones más encendidas hasta los lanzamientos de frutos del agro.

Pues sucede que esta práctica de los britanos se ha trasladado al foro, y desde hace unos días hay ciudadanos anónimos que se dirigen a un rincón del foro, el ángulus oratoris y, subidos a un escaño que ellos mismos tienen que traer, se dirigen al populus y le exponen sus opiniones sobre los más variados asuntos. Y ocurre que ayer mismo se encaminó a este rincón un ciudadano de aspecto venerable que, subido al correspondiente escabel, desarrolló una extravagante teoría sobre la política, que, por lo que puedo recordar, era más o menos ésta. Que hasta ahora el común pensamiento dictaba que los políticos eran meros representantes de los ciudadanos y eran comisionados por éstos para dirigir los asuntos políticos de Roma, siendo, por tanto, el derecho político fundamental de estos ciudadanos la elección de aquellos que consideraran más capacitados para dirigir esos asuntos, o que presentaran unos proyectos políticos más atractivos. Pero ahora, siempre según el orador del que estoy hablando, los políticos no son, en realidad, ejecutores de unos proyectos políticos determinados, sino integrantes de un estamento especial dentro de Roma que les proporciona un estatus superior al del resto de los ciudadanos que, en esencia, consiste en el manejo de los fondos públicos. Y puesto que el manejo de estos fondos constituye la señal distintiva de este nuevo estamento, los diferentes proyectos políticos se desdibujan y se convierten en una mera apariencia. Por eso, continuó el orador, es frecuente ver a representantes de facciones supuestamente opuestas vociferar unos contra otros en público mientras en privado pactan un reparto satisfactorio para ambas partes, y así ocurre, por ejemplo, cuando año tras año Pachilopiscis aprueba los presupuestos del patriarca Juan Josué entre grandes admoniciones recíprocas.

Y a estas alturas del discurso, una gran parte del auditorio reía abiertamente del orador considerándolo un perturbado, pero éste continuó impertérrito diciendo que, en la actualidad, los únicos derechos políticos que quedan a los ciudadanos ordinarios son los de actuación y representación, entendidos como el derecho a que los políticos actúen para ellos y, dejando de lado la dignidad de sus cargos y personas, representen farsas, dramas y otros ludes escénicos para que, como premio por la calidad de las tales actuaciones, estos ciudadanos les proporcionen los votos que les permitirán continuar disfrutando de su estatus superior. Y esta penosa obligación de actuación y representación recae sobre los integrantes del estamento político en todo momento, aunque es más intensa en la proximidad de los comicios, momento en que se ven obligados, incluso, a visitar a los ancianos y besar a los infantes. Pero además, aseguró, afecta a todos ellos con independencia de su rango, y así incluso el mismo Emperador, actuando en una farsa de aventuras, se ha visto obligado a triscar por las montañas como si de un pastor de Tracia se tratara.

Y en ese momento el orador dio por terminada su intervención y se bajó de su escaño, y la mayoría del público ya se había marchado entre burlas y alborotos, pero dos o tres oyentes parecían reflexionar melancólicamente sobre sus palabras.

martes, 2 de septiembre de 2008

CUCÚMBERO ALBO Y EL MUNDO SUBTERRÁNEO

Estas calendas de septiembre se han inaugurado con Cucúmbero Albo flagelando al Procónsul en el foro, para gran desconcierto de éste, que llevaba mucho tiempo esforzándose por ser simpático. Pero parece que estos intentos estaban destinados al fracaso, porque dentro del progressus immaculatus, el Procónsul y sus seguidores tienen asignado un papel muy preciso, que es el de demonios. Y es este un papel de gran importancia para los adeptos de esta religión ya que, de manera paradójica, estos adeptos encuentran su razón de ser, precisamente, en la existencia de los demonios, pues, de acuerdo con su doctrina, los demonios son la imagen opuesta de los acólitos del progressus. Y así los acólitos necesitan a los demonios para contemplarse y reconocerse a sí mismos, como si miraran un peculiar espejo que devolviera la imagen contraria de aquél que en él mirara. Y así, al contemplar la imagen corrompida y depravada de los odiados demonios, los fieles se ven a sí mismos revestidos de todas las virtudes y pueden regocijarse en consecuencia, pero, por el contrario, cuando el procónsul y sus seguidores intentan ser simpáticos y disimular su condición, los fieles se ven desconcertados porque, al desaparecer los demonios, cuando miran en su particular espejo inverso se encuentran con la nada, con lo que quedan sumidos en la desesperación.

Por eso Cucúmbero Albo ha reaccionado con presteza al adivinar el ardid del Procónsul, e inmediatamente se ha encargado de arrancarle la careta y exponerlo en su turbadora apariencia. Y se dice que el Emperador, considerando los valiosos servicios que Cucúmbero presta, está considerando la posibilidad de divinizarlo, e incorporarlo, junto a él al Panteón del progressus. Y se dice que, puesto que él es el encargado de lidiar con los tenebrosos demonios, se le proporcionarán competencias sobre el mundo subterráneo que hasta ahora correspondían a Plutón. Y se dice que su efigie será similar a la de Anubis, el dios con cabeza de chacal que, según los egipcios, es el encargado de lidiar con estos asuntos, aunque, en el caso de Cucúmbero, tendrá rostro de hurón.

Sin embargo, algunos sostienen que Cucúmbero es en realidad un ser creado a partir de barro y detritus por el Emperador, desprovisto por ello de sustancia y raciocinio y sólo apto para realizar tareas mecánicas y repetitivas, que es lo que los judíos denominan golem. Y hay otros que van más allá, y se atreven a afirmar que el propio Emperador no es, a su vez, más que un golem creado para difundir el desconcierto en Roma, pero estas creencias exceden mi conocimiento, por lo que no hablaré más de ellas.

domingo, 24 de agosto de 2008

SOBRE LA DECADENCIA DE LA POLÍTICA Y LA ESTÉTICA

Cuentan que en tiempos antiguos, en la época en que Servio Tulio instauró los comicios, las distintas facciones políticas de Roma definían sus respectivas posiciones a partir de sus propios proyectos políticos, y con ellos se presentaban ante sus potenciales electores en dichos comicios, de modo que éstos podían juzgar si eran razonables. Y así, si existía un número suficiente de electores que entendían que un determinado proyecto era beneficioso para Roma, y proporcionaban sus votos a la facción correspondiente, ésta podía acceder al poder y, desde allí, poner en práctica ese proyecto.

Ocurría, sin embargo, que aquellos que accedían al poder descubrían que éste no sólo les permitía materializar sus proyectos, sino, indirectamente, alcanzar un elevado nivel de satisfacción personal gracias a los estipendios, la fama, las cuadrigas oficiales y demás prebendas que aquél poder llevaba aparejado. De este modo, con el tiempo, comenzaron a surgir políticos para los que estos beneficios secundarios se convirtieron en sus intereses primarios, y para los que el cursus honorum representaba la manera más cómoda, y con frecuencia la única, de acceder a los bienes materiales que hacen más llevadera la existencia.

Y así, de manera gradual e imperceptible, comenzaron a abundar los políticos que se presentaban ante sus electores sin el menor proyecto, únicamente movidos por su anhelo de alcanzar el poder. Y estos políticos, para su sorpresa, pudieron comprobar que a gran parte de los romanos no les importaba demasiado esta ausencia, pues llevaban cierto tiempo enfocando la política desde un punto de vista meramente deportivo, y manifestando sus preferencias por una u otra facción, no por las bondades y maldades de sus respectivos proyectos, sino por impulsos muy parecidos a los que los llevaban a optar por los azules o los verdes en el hipódromo, y frecuentemente con la misma virulencia en ambos casos.

El abandono del requisito previo de presentar un proyecto representó un gran alivio para estos políticos, ya que les evitaba enojosos requerimientos de conocimiento y capacidad. Durante algún tiempo, los políticos mantuvieron la ficción de que tales proyectos aún existían, y para ello aprendieron a vestir la nada con palabras, creando una oratoria de vistosas ampollas que se elevaban vigorosamente en el aire y se desvanecían sin dejar rastro. E incluso el propio Emperador acabó aceptando su divinidad para llenar estos vacíos.

Hoy, sin embargo, se ha dado un nuevo paso en esta dirección, pues todo indica que la ciudadanía ya está lo suficientemente madura como para acabar con cualquier tipo de subterfugio y disimulo. Y así Pachilopiscis, representante del Emperador en las tierras gobernadas por los sabinos y aprendiz, a su vez, de sabino, ha presentado como su mayor virtud el acudir a su cita con los ciudadanos desnudo de cualquier proyecto, idea y convicción, como si en lugar de a unos comicios acudiera a un nuevo juicio de Paris. Y, tal es la subversión del orden natural de las cosas, que todo parece indicar que los ciudadanos manifestarán sus presencias por esta nueva beldad desnuda.

lunes, 4 de agosto de 2008

EL TRIUNFO DEL CAOS

La noticia que más revuelo ha provocado en el foro estos días ha sido la puesta en libertad del infame asesino sabino chaos, llamado así porque a lo largo de su infausta carrera se encargó de pulverizar el orden y la pacifica convivencia en Roma, y de sembrar el dolor. Pues este maligno asesino acabó a sangre fría con la vida de veinticinco personas por la mera razón de ser romanos, porque chaos es uno de los más fanáticos seguidores del profeta Sabino, cuya doctrina atrae no sólo a los mediocres, que gracias a ella encuentran razones artificiales para diferenciarse y medrar, sino también a los más viles asesinos, que pueden así satisfacer sus instintos malignos envolviéndolos en causas elevadas. Y hay que recordar que hace algo más de un año nuestro Emperador, secundado por todos sus colaboradores y, en especial, por su praefectus de policía Máximo Mendácitor, abogaba por la puesta en libertad de este miserable asesino, afirmando que el que había matado a veinticinco personas era, en realidad, un amante de la coexistencia pacífica y , paradójicamente, que el chaos estaba a favor de la paz.

Y para alguien que llegara a Roma desde tierras remotas le resultaría incomprensible esta situación, pues este vil asesino ha cumplido menos de un año de condena por cada uno de sus asesinatos, y no sólo no ha mostrado la menor sombra de arrepentimiento por sus nauseabundas acciones, sino que, estando en el ergástulo, se encargó de celebrar los cobardes asesinatos cometidos por sus colegas sabinos. Pero en una parte de la sociedad romana subyacen ciertas ideas sumergidas que, si bien viven en los estratos más profundos de las mentes de las personas, no por eso son menos duraderas. Y una de estas ideas afirma que todas las personas son por naturaleza buenas, y seguirían siendo buenas si habitaran en la naturaleza. Sin embargo, la civilización, y al decir civilización hay que entender aquí civilización romana, se encarga de corromper a las personas al introducir desigualdades y crear, como afirma poéticamente nuestro Emperador, océanos de injusticia. De este modo, cuando una persona que es buena en esencia se ve compelida a realizar actos malvados, la culpable es, en realidad, la sociedad, que de este modo es doblemente culpable, por haber generado en última instancia el daño y por haber corrompido a un inocente criminal. Y a esta idea sumergida que hace que los criminales sean vistos con sorprendente benevolencia se añade, en este caso de chaos, otra que consiste en considerar a los criminales sabinos como luchadores, aunque excesivos en sus métodos, por la libertad de un pueblo oprimido. Y, si bien esta idea ha ido desvaneciéndose poco a poco de la estructura mental de la mayoría de los romanos, continúa intacta no sólo entre los sabinos sino fuera de Roma.

Esto explica que hay una gran parte de juristas en Roma para los que la condena es un mero trámite para asegurar una automática reinserción del criminal en la sociedad. Y sucede que los que así obran muestran una gran benevolencia hacia los criminales, pero muy poca hacia las víctimas de éstos, pues pasan por alto que la condena es también expresión del valor y la consideración que la sociedad atribuye a la víctima o, dicho de otro modo, una medida del respeto que las víctimas merecen a la sociedad. De modo que una sociedad únicamente preocupada por la reinserción del criminal, y que da por hecho una rehabilitación que obviamente no se ha producido, está insultando la dignidad de las víctimas y sus familiares, aumentando de este modo su dolor con la perplejidad.